Una crítica de moda infantil se rebela contra la carrera armamentística del peinado de ceremonia: coronas de flores cada vez más grandes sobre cabezas de siete años que aguantan bodas de nueve horas en pleno julio español. Aquí se defiende la contención, con criterios concretos de peso, sujeción y remate para elegir una diadema o un par de horquillas que resistan el calor, el baile y la última canción. Termina con cinco ideas prácticas para llevarse al probador.